Qué es el estrecho de Bering y por qué fue clave para la llegada a América


El estrecho de Bering es una de las regiones más fascinantes del planeta, tanto por su importancia geográfica como por su papel histórico en el poblamiento de América. Situado entre Rusia y Estados Unidos, conecta el mar de Chukotka con el mar de Bering y se extiende a lo largo de unos 82 kilómetros en su parte más angosta.
A pesar de su apariencia inhóspita, esta franja de agua fue clave en la migración de los primeros seres humanos hacia el continente americano.
El interés en esta zona se debe a que, durante la última glaciación, el nivel del mar descendió drásticamente y dejó al descubierto un paso terrestre conocido como Beringia, que unió Siberia con Alaska. Este fenómeno permitió que grupos de cazadores-recolectores cruzaran a pie desde Asia hacia América, un movimiento que cambió para siempre la historia de la humanidad.
Hoy, el estrecho es además un límite geopolítico sensible, ya que marca la frontera entre dos potencias mundiales: Rusia y Estados Unidos. La presencia de las islas Diómedes, separadas apenas por 4 kilómetros y por la línea internacional de cambio de fecha, lo convierten en un punto estratégico tanto en términos políticos como culturales.
A lo largo de los siglos, exploradores como Vitus Bering, James Cook y Frederick William Beechey recorrieron estas aguas en busca de rutas comerciales y de expansión territorial. Ese legado histórico convirtió al estrecho en un símbolo de descubrimiento, frontera y conexión entre mundos.
Por todo ello, el estrecho de Bering no solo es un lugar en el mapa, sino un escenario clave para entender cómo se dio el proceso de poblamiento humano en América y cuál es su vigencia en la actualidad.
El estrecho de Bering es un paso marítimo frío, estrecho y con profundidades promedio de entre 30 y 50 metros. Su relevancia no radica únicamente en su geografía, sino en su papel como puente natural que, en el pasado, unió dos continentes.
El fenómeno del puente terrestre de Beringia fue determinante. Durante decenas de miles de años, las glaciaciones redujeron el nivel del mar hasta permitir el cruce de animales y seres humanos. Los cazadores-recolectores siguieron a las manadas de bisontes y mamuts, lo que derivó en las primeras poblaciones en el continente americano.
Estudios arqueológicos y genéticos han confirmado que los primeros habitantes de América tuvieron origen en poblaciones siberianas que migraron a través de este corredor natural. Esa travesía marcó el inicio de la diversidad cultural y genética que caracteriza al continente.
De este modo, el estrecho de Bering no fue solo un pasaje físico: se convirtió en el canal de uno de los movimientos migratorios más trascendentes de la historia de la humanidad. Gracias a él, América dejó de ser un territorio aislado y se integró en la ruta de la expansión humana global.
El llamado puente de Beringia se extendía entre lo que hoy conocemos como Siberia oriental y Alaska. En su momento de máxima extensión, abarcaba miles de kilómetros de tundra y estepa, que servían como hábitat para numerosas especies animales y permitían el asentamiento humano.
Los especialistas estiman que esta franja de tierra permaneció emergida desde hace unos 38.000 años hasta aproximadamente 11.800 años atrás. Esto significa que durante miles de años existió la posibilidad real de tránsito entre los continentes.
Las investigaciones sostienen que no se trató de un cruce rápido, sino de un proceso prolongado. Grupos humanos habrían habitado la región de Beringia por generaciones, antes de dispersarse hacia el sur del continente. Esto explica la presencia de culturas diversas y adaptaciones distintas en distintas áreas de América.
Fuente: www.clarin.com



